Comer en Marruecos es un verdadero placer. La base de su cocina es el pan, un pan redondo y plano que es perfecto para hacer la función de los cubiertos ya que los marroquíes no los utilizan. Coges un trozo de pan, lo abres y lo utilizas como una pinza, que te permite coger la comida sin tocar el resto. Siempre con la mano derecha.

Nada es parecido a comer un tajín de verduras, carne, ciruelas, dátiles y almendras, compartido con amigos, alrededor de una mesa redonda, bajita, sentados en el suelo sobre una alfombra de colores y reposados en un buen cojín, y claro, sin cubiertos, con la ayuda del pan y con la calma para disfrutarlo.

El pan está hecho con agua, harina, levadura y sal. En el sur de Marruecos, las mujeres bereberes cada mañana amasan el pan, salen al patio donde encienden el fuego con hojas secas de palmeras y lo cuecen en el pequeño horno. Es su rutina de cada mañana.

A aquellos que os guste comer con pan y que también os guste viajar, sabréis que hay lugares en el mundo fantásticos pero sin un buen pan, pues Marruecos es un lugar fantástico con un pan buenísimo.

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