En Marruecos todavía quedan unos 25.000 nómadas, pocos si pensamos en que antiguamente todos éramos nómadas, pocos si pensamos en las largas caravanas que cruzaban el desierto del Sahara, desde Mali subiendo hacia el norte, a Marruecos, cruzando Argelia y Túnez hasta llegar a Egipto, pero todavía quedan familias nómadas en el sur de Marruecos. Familias dedicadas al pastoreo de cabras, ovejas y dromedarios.

Hay que viajar hasta el sur y salir de las rutas convencionales para poder compartir con ellos un té, sentados en el suelo alrededor de una tetera que va calentando el agua, sentados juntos, observando su elaboración.

Poco tienen, una haima, unas mantas, algún utensilio para cocinar, algún bidón para almacenar el agua y el té para ofrecernos, símbolo de hospitalidad. Mucho tienen, niños correteando con una sonrisa y ojos avispados, madres y hijas que se apresuran a encender el fuego, padres que vigilan su ganado.

El ritmo de sus vidas es pausado, viven sus vidas alejados de la contaminación de la vida moderna, no tienen televisión, no tienen internet, no tienen luz, ni agua corriente, ni habitaciones separadas del salón o la cocina, nunca lo han tenido y no lo echan en falta. Deben ser ligeros, buscar el lugar de pasto más adecuado para sus animales y adaptarse a lo que la naturaleza les traiga.

Los observas, mientras esperas que el té que están preparando esté listo, ellos han querido que nos sentáramos en el interior de su cueva, hospitalarios y respetuosos. Ellos también te observan y no sé qué deben pensar, sonreímos, la madre sirve el té en pequeños vasitos de cristal puestos en una bandeja de aluminio sobre la tierra de la cueva.

Son una familia de nómadas trogloditas. Sorbemos el té casi al unísono, sorbemos un momento de nuestras vidas tan distintas y distantes, sorbemos de nuevo, esta rico, sorbemos respeto, hospitalidad, tolerancia, dignidad, sorbemos sabiduría, felicidad, aceptación.

Se acaba el té, debemos continuar ruta, nos levantamos y al salir de la cueva sé que difícilmente olvidaré este té con los nómadas de Marruecos.

Quizás viajar es reencontrar por un tiempo el espíritu nómada que todavía hay en nuestros genes, nos limpia el corazón, nos abre la mente, nos enriquece el alma. Y de eso van nuestros viajes personalizados a Marruecos.

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