Quizás porque en ocasiones ni la intuición, ni la imaginación, nos ayuda a adivinar el disfrute gratificante de una nueva experiencia, quizás porque lo primero que veremos es una inmensa construcción dañada por el paso de los años, por la inclemencia del clima y por el abandono, quizás porque los prejuicios rápidos de nuestra mente, nos auguran lo que los postjuicios nos van a negar, quizás por esto y por lo que viene después, la Kasbah de Télouet toma un protagonismo merecido.

En lo alto de las montañas del Atlas, en uno de los pocos pasos naturales que existen para cruzar la gran cordillera, a 2.630 metros de altura, Tiz-n-Telouet, la familia El Glaoui construyó la Kasbah Télouet en el siglo XIX.

El paso obligado de las grandes caravanas provenientes del Africa subsahariana con destino a los puertos de Essaouira, Casablanca o El Jadida, convirtió a los habitantes de la región en una tribu poderosa, el apoyo recíproco con los franceses en la época colonial, también ayudó a enriquecer a los Glaoui.

Ampliaron la Kasbah a principios del sigloXX, construyendo un palacio fortificado en donde centenares de artesanos trabajaron durante años para decorar su interior, techos y paredes con estucos, zeliges y ornamentaciones de madera de cedro, inimaginable suntuosidad desde su exterior.

Hay que salir de la ruta convencional, adentrarse en el Alto Atlas y hay que entrar en la Kasbah para disfrutar del refinamiento artesanal en su decoración, de una sensibilidad y exquisitez únicas. Hay que asomarse desde sus ventanas y encuadrar las majestuosas montañas y los valles, hay que acariciar con la yema de los dedos, la madera policromada y solo entonces, la Kasbah nos sobrecogerá gratamente.

Quizás porque visitarla, nos llevará también a recorrer el valle de Ounila, por donde transcurría la antigua ruta, la ruta de las caravanas, la ruta de las mil kashbas, una ruta poco transcurrida ahora, de paisajes preciosos, abandonada por la comodidad de la ruta asfaltada convencional, quizás porque Marruecos también sobrecoge gratamente, quizás porque nuestros circuitos personalizados también buscan la sensibilidad que destilan los zellige de Télouet, la perfección de los detalles, quizás porque nos gusta compartir contigo un país que nos apasiona!

 

Chefchaouen, uno de estos rincones del mundo, humildes, sin más, que reafirman que viajar es hacer un viaje a tí mismo.

Su maravilloso color azul, pasear por sus callejuelas, oler las montañas cercanas, adivinar un cielo estrellado que surcará la noche, escuchar el ir y venir de sus gentes, saborear un te a la menta… Disfrutar de este pequeño pueblo rodeado de montañas, donde el azul de sus casas transmite paz, transmite luz, luz de aire fresco y claro.

Chefchaouen 1001 Tours Morocco

Shifshawen en árabe y Chefchaouen en francés.

Una pequeña ciudad, en las montañas del Rif, en el norte de Marruecos, con un innegable origen andalusí en un emplazamiento bereber.
Poblada por moriscos y sefardies expulsados de España después del 1492, fundada por Mulay Ali Ben Rachid. Durante siglos fue una ciudad considerada sagrada, prohibiendo la entrada a los extranjeros, quizás esto, provocó que no sufriera cambios y aparezca, actualmente, como antaño.

Chefchaouen 1001 Tours Morocco

Chefchaouen es la perla azul de Marruecos, una de las ciudades más bellas del mundo, el color azul en sus casas y callejuelas, le dan identidad propia.
Artesanos que en pequeños bazares muestran sus productos, coloridos en el fondo azul añil de los muros.

El tiempo se detiene cuando observas a sus mujeres vestidas con una sobre falda a rayas de colores y su sombrero de paja con pompones, así, alegres, coloridas, cargan la leña o conrean el campo, así sonrientes.

Chefchaouen 1001 Tours Morocco

Chefchaouen, a escasos 100 kilómetros al sur de Tánger y a escasos 200 kilómetros al norte de Fez y unos pocos más de Rabat, es visita aconsejada en nuestros circuitos personalizados. Cuenta con alojamientos de calidad y de encanto que suman valor para una estancia inolvidable.

Chefchaouen 1001 Tours Morocco

 

Hace escasos 6 meses se inauguró en Marrakech el museo Yves Saint Laurent. Un tributo de la ciudad a un gran diseñador.

Dicen que la primera vez que Yves Saint Laurent viajó a Marrakech, corrían los años 60 y despertar en un día soleado, después de días de lluvia le cautivó.

Tardó poco en comprar una casa en la medina con su inseparable compañero Pierre Bergé. Marrakech les acogió!!

Más tarde fue una villa en el barrio de Gueliz y finalmente, el azar, la pasión y el amor por esta ciudad, les llevó a recuperar la casa del pintor Jaques Majorelle, abandonada tras su muerte.

Conocidos los Jardines de Majorelle, en donde Yves Saint Laurent tenía su atelier, en donde creaba sus diseños y en donde gozaba de la vida.

“En Marruecos, he comprendido que mi gama de colores es la de los zelliges, de los ornamentos, de las chilabas y de los caftanes. Mis audacias se las debo a este país, a su enérgica armonía , a la insolencia de sus mezclas, al ardor de sus invenciones. Esta cultura se ha convertido en la mía, pero no me basta absorberla, la he anexado, transformado, adaptado.”

El Museo Yves Saint Laurent de Marrakech

El museo es un deleite para los sentidos, la exquisitez arquitectónica, edificio diseñado por el estudio de arquitectos KO, asemeja al enjambre de los tejidos, con líneas claras y concisas, el edificio abraza su interior, centrando al visitante en la obra y en el cielo azul de Marrakech, nada más a los ojos.

Museo Yves Saint Laurent de Marrakech - Edificio

En el interior la puesta en escena, con una colección de sus diseños en el tiempo, a lo largo de su carrera artística, está cuidada y pensada para poder admirarlos escuchando la música preferida del diseñador.

Yves Saint Laurent y Pierre Bergé disfrutaron de sus vidas en Marrakech, ahora, es Marrakech quien disfruta de un museo único en el mundo, atracción indispensable para los miles de turistas que viajan a la ciudad más coqueta y acogedora del norte de Africa.

Museo Yves Saint Laurent de Marrakech - Obras museo

Y alegando a las palabras de Yves Saint Laurent sobre Marruecos, os brindamos la oportunidad de conocer el país de los mosaicos, los ornamentos, las chilabas y los caftanes.

Conocerlo con respeto y admiración, con la ilusión de compartir nuestra experiencia sobre Marruecos, organizando viajes privados, personalizados, diseñados para cada viajero, quizás intentando asemejarnos a los diseños de alta costura y a los pret a porter que Yves Saint Laurent creó y que Pierre Bergé los perduró.

Perseguimos la exquisitez de los detalles, de los lugares, perseguimos viajes a Marruecos que perduren en el tiempo de vuestras vidas.

Más información

https://www.museeyslmarrakech.com/fr/

https://es.wikipedia.org/wiki/Yves_Saint_Laurent

https://es.wikipedia.org/wiki/Pierre_Berg%C3%A9

Uno de los muchos atractivos de Marruecos es su artesanía. Una artesanía muy presente en la vida cotidiana, basada en la transmisión durante generaciones, de padres a hijos, de maestros a aprendices, en donde las técnicas manuales son la base de las piezas trabajadas.

Destaca en la artesanía de Marruecos la alfarería, el tejido de alfombras, la cestería, el curtido de pieles, la joyería, los bordados, la marquetería,…

Quizás el más significativo por su presencia en palacios, mezquitas, medrazas, fuentes, riads sea el mosaico.

En árabe “zellige” que significa pequeña piedra pulida, el mosaico ornamental a base de trocitos de azulejos de colores.

Zellige, dicen que proviene de la palabra azulejo, zellige, dicen que estos mosaicos ornamentales, tan característicos de la arquitectura marroquí, estan inspirados por los mosaicos romanos.

Marruecos tuvo presencia romana y conserva construcciones de la época, uno de los enclaves de la época romana es Volubílis, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en donde todavía podemos disfrutar de sus mosaicos.

Foto: Mosaico de las ruinas romanas de Volubilis

El trabajo del zellige o mosaico es un ejemplo de una artesanía que requiere del artesano una destreza manual excelente para el trabajo de las piezas, y notables cualidades de su memoria para la realización de los trazados geométricos.

En Marruecos existen cantidad de mosaicos, en paredes, suelos, columnas, fuentes, más toscos o refinados, pero todos preciosos. Podría decir que de los más refinados que he podido contemplar han sido en la Kasbah de Telouet, dicen que más de 300 artesanos trabajaron en la ornamentación del interior del palacio durante más de tres años.

Foto: Kasbah Telouet

Foto: Fuente Nejjarine, Fez

Foto: Palacio Bahia, Marrakech

Cada mosaico es único, como nuestros viajes personalizados a Marruecos, hechos a medida, con destreza y pasión. Con la ilusión de ofreceros una experiencia inolvidable.

La tradición de los mosaicos ornamentales en la arquitectura de Marruecos también tiene su sentido en el uso de los colores, os habéis fijado en los colores de los zelliges?

  • El blanco, este color representa la inocencia.
  • El verde, el color de la naturaleza.
  • El azul, es el color de la esperanza.
  • El amarillo, representa la riqueza.
  • El negro, es el color de los secretos.
  • Y el rojo? El rojo nunca se usa en los zelliges para los suelos, porque representa el color de la bandera de Marruecos.

Dicen que Marruecos es el país que viaja en ti, y nos encantará organizarte un viaje personalizado que te acerque a las tradiciones de la cultura bereber.

Cada vez viajamos más y más lejos. Nos atrapa descubrir nuevas culturas, nuevos paisajes, nos enriquece como personas y nos aporta experiencias gratificantes que recordaremos toda nuestra vida.

Existen rankings de todo tipo para ayudarnos en la elección de nuestros destinos, las siete maravillas, los 10 mejores destinos del año,…etc.
Personalmente creo que hay destinos que van más allá de cualquier ranking y entre ellos, está el desierto.

Dicen que conocer el desierto es similar a ver el mar por primera vez, y el desierto del Sahara, el más grande del mundo, el desierto que abarca gran parte de toda África del Norte, podemos descubrirlo, de una manera asequible, viajando a Marruecos.

El desierto toma formas diversas y cambiantes a causa de su clima, hay zonas de dunas de arena, cuyo nombre es “erg”, hay zonas como valles de roca y piedra cuyo nombre es “hamada” y las zonas de grandes explanadas secas “shatt”, también existen zonas rocosas, esculpidas por el viento.

En el desierto hay vida, podemos encontrarnos dromedarios, cabras, burros, escorpiones, serpientes, pájaros, gacelas, zorros, escarabajos y nómadas. Familias que viven del pastoreo de dromedarios y cabras y que, siempre ofrecerán un té a quien los visite.
Son los bereberes los que ocupan buena parte del Sahara.

En Marruecos, en el sur, empezando ruta desde Marrakech, a escasas horas en 4×4 os proponemos un circuito personalizado a uno o más, de los tres grandes ergs del Sahara: Erg Lihoudí, Erg Chebbí y Erg Chigaga.

Quizás el más conocido es Erg Chebbi, en Merzouga, más de 20 kilómetros de arena y dunas de 150 metros de altura, conforman un paisaje espectacular. Podemos llegar hasta el pie de las dunas por carretera asfaltada, y la oferta hotelera es amplia.

Otra opción es Erg Lihoudí, un pequeño erg donde solo podemos dormir en campamentos de haimas y que se encuentra entre Tagounite y M’Hammid el Guizlane, yo le llamo el mini desierto.

En contra, Erg Chigaga es el gran erg del Sahara de Marruecos, debemos adentrarnos y tras casi tres horas de 4×4 fuera de pista llegaremos, más de 40 kilómetros de arena y dunas de 300 metros de altura, espectacular, el desierto salvaje.

Experimentar el desierto, porque creo que se experimenta. Todos los sentidos activados, la vista disfruta del infinito, dunas y más dunas allá donde abarquen nuestros ojos, el atardecer o amanecer sentados en una duna, las estrellas que van apareciendo, una, dos , cien, miles de estrellas, nebulosas de estrellas…, el oído escuchará el silencio, el lento y mullido paso de algún dromedario, el canto alegre de un pájaro, la música de los hombres del desierto, los tamtam, el crujir de la leña en el fuego, y de nuevo el silencio,…, el olfato olerá el aire puro, el gusto agradecerá un buen tajin cocinado desde la cocina del campamento,… el tacto se activará cuando nuestros pies descalzos caminen por la arena, cuando nuestros dedos la toquen y la dejen fluir por ellos, cuando el sol de la mañana caliente nuestros cuerpos, cuando acariciemos el lomo del camello,.. Os animo a experimentar el desierto.

Viajar a Marruecos con un tour personalizado al desierto es una experiencia única.

Seguro que has oído hablar del aceite de argán, está presente en muchos productos cosméticos ya sea gel de ducha, champú, cremas para el cuerpo, mascarillas,… Pues bien, quizás lo que no sepas es que el aceite de argán se produce solo en una región de Marruecos, en Souss Massa, entre Tiznit y Essaouira, en el sudoeste del país. En esta única región de Marruecos es donde puedes encontrar los árboles de argán, es un árbol autóctono de la zona, difícil de cultivarlo en otra tierra y representa la actividad económica principal de muchas de las familias de la región.

Son las mujeres bereberes, agrupadas en pequeñas cooperativas diseminadas por la mayoría de los pueblos de la región, las encargadas de conseguir que el fruto del argán acabe convirtiéndose en aceite, el oro líquido para Marruecos. De manera manual, y en pequeños locales, las mujeres sentadas en el suelo, rompen de manera pausada pero rítmica y con precisión absoluta, de uno a uno el fruto, para después separar la semilla de la piel y la cáscara. La semilla se tritura en pequeños molinos de piedra manuales, técnicas ancestrales para conseguir uno de los aceites más preciados en todo el mundo por sus características.

Saludable en la alimentación y de propiedades y beneficios múltiples para el cuidado de la piel y del pelo, es una experiencia única visitar una cooperativa y ver de primera mano la elaboración del aceite de argán. Conocer por parte de las mujeres, los distintos tipos de aceite y saber apreciar cuando un aceite es puro.

Hay que ir a la región para encontrar las auténticas cooperativas, hay que tener tiempo para interactuar con las mujeres, hay que tener respeto por su trabajo y hay que saber valorar el producto. No es lo mismo que una compra rápida en cualquiera de los zocos del país.

Nuestros circuitos personalizados buscan que experimentes la esencia de Marruecos, que el viaje sea una experiencia auténtica y enriquecedora, que cada tour que personalizamos a Marruecos contemple los principios de turismo sostenible y solidario. El respeto hacia las personas y lugares que se visitan mediante un acercamiento mas profundo a la cultura, tradiciones y valores, además de contribuir al desarrollo económico de la zona.

Te apetece la experiencia??

Viajar a Marruecos es una experiencia inolvidable. Si ademas el viaje transcurre por la ruta mas bella del sur de Marruecos, nos permitirá conocer a los alfareros de Tamegroute.
Tamegroute es un pequeño pueblo a unos 20 kilómetros de Zagora, ubicado en la ruta del palmeral del Draa, una ruta que nos acompañará en nuestro circuito personalizado durante más de 150 kilometros desde Agdz hasta M’hamid el Guizlane.

La artesania es una de las actividades principales de Marruecos, los artesanos trabajan de manera manual la lana, la madera, el hierro, el yeso, el cuero y también el barro.
En Tamegroute los artesanos, son alfareros. En la pequeña cooperativa, junto a la carretera, podremos admirar su agilidad y precisión para fabricar la cerámica de color verde, típica y originaria de la región.


Amasan la arena fina con agua y con los pies, luego con las manos, consiguen así la masa para poderla modelar en un torno manual hundido en el suelo.


El esmalte natural, mezcla de tres minerales que configura su color verde, se aplica a las piezas de cerámica para luego cocerlas en un horno de leña.
Una vez visitado todo el procedimiento, podremos admirar con más conocimiento las piezas terminadas en el espacio que tienen para su exposición.

Familias enteras viven en Tamegroute de la cerámica de el Ksar El Hart n’Iaamine. Un Ksar, parte de el subterráneo, digno de ser visitado. En el, nuestros ojos se acostumbraran a la escasez de luz, en diferencia de la que hay en el exterior y tambien agradeceremos la temperatura de su interior, los niños corriendo por las callejuelas y las mujeres sentadas junto a la puerta de sus casas. Otra manera de vivir que les permitió durante años seguridad y ahora una temperatura agradable alejada de los estragos del sol de África.
Pero Tamegroute, este pequeño pueblo bereber del sur de Marruecos, antiguo centro religioso que acogió la biblioteca mas grande de todo Marruecos, aun preserva más de 4.000 ejemplares, manuscritos originales en una pequeña biblioteca coránica.
Y esto es solo una pequeña parte de Tamegroute, porque tambien es la sonrisa de los niños, las palmeras con sus ombrias donde reposan los hombres, el cantar de los pájaros durante nuestro paseo, los burritos cargados de leña, un té inesperado ofrecido desde la humildad y la hospitalidad, el recuerdo del plato de cerámica envuelto en papel de estraza que nos ha enamorado y que es único e irrepetible.
Y esto es viajar, vivir experiencias únicas e irrepetibles, con nuestros circuitos personalizados.

Más información: https://en.wikipedia.org/wiki/Tamegroute

Si lo que buscas son experiencias asombrosas, te organizamos el viaje perfecto a Marruecos.

Uno de los lugares a visitar es el Ksar Aït Ben Haddou, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco,

Se encuentra en la provincia de Ouarzazate, a 200 kilómetros de Marrakech, traspasando el Atlas, hacia el sur.

Es una muestra maravillosa de la arquitectura en el sur de Marruecos.

De una belleza impactante, aparece inmensa, la observas y sientes una curiosidad máxima por entrar, pasear por sus calles, subir a los torreones, descubrir como vivían, transportarte a un tiempo en donde el Ksar era vida de familias que se unían y se defendían y protegían dentro de sus muros..

Una ciudad fortificada base de adobe, paja y barro. Situada en la antigua ruta de las caravanas junto al rio Ounila, su enclave era estratégico para la ruta comercial entre Sudán y el norte de Marruecos.

En ella todavía vive alguna familia, aunque ahora es fundamentalmente conocida por las muchas películas que se han rodado, como Gladiator, Juego de tronos, Babel o La reina del desierto entre otras.

El Ksar Aït Ben Haddou es uno de los conjuntos arquitectónicos de kasbahs mejor conservados en Marruecos y sin duda, es uno de los lugares más bellos de Marruecos.

Llegar al Ksar Aït Ben Haddou después de haber recorrido la ruta de Telouet y el valle de Ounila, es una experiencia asombrosa.

El valle de Ounila, que coge su nombre del rio Ounila, que es el que traspasaremos para entrar en el Ksar, es uno de los paisajes más espectaculares de Marruecos, recorre la antigua ruta de las caravanas y en ella encontraremos multitud de kasbahs que todo y estar medio derruidas conservan una belleza exótica, la ruta de las 1000 kasbahs.

Viajar para aprender, crecer y mejorar. Viajes personalizados a Marruecos.

Viajar por Marruecos para disfrutar de sus paisajes, de una naturaleza extrema y cambiante, de su arquitectura, kasbahs majestuosas que resisten con dignidad el paso de los siglos aun siendo de adobe, de sus tradiciones, el folklore de su música gnawa, de los aguadores, su gastronomía, exquisitos platos como el tajim de buey con ciruelas y almendras, su artesanía, todo tipo de productos elaborados de manera manual que los convierte en únicos, como nuestros viajes personalizados, que nunca hay dos de iguales porque cada cliente es único y especial.

En artesanía, de todos, quizás unos  de los más conocidos y apreciados son los productos artesanos  elaborados con piel o Marroquinería.

Llegar a Marruecos, pasear por el zoco y descubrir que unas sandalias, hechas a mano, de piel, pueden salirte por 10 euros nos sorprende, y luego nos fijamos en los cinturones, que puedes elegir a tu gusto el trenzado, el color y la hebilla y personalizarlo, o las mochilas, productos que en nuestro país nos sería imposible encontrar a estos precios.  Y aquí acabaría la historia si nuestro objetivo no fuera llegar al fondo de la cuestión. Los curtidores de Marruecos.

Cierto es que una de las visitas estrellas de Fez es ir a una terraza de una de las tiendas que limita la curtiduría, en el interior de la medina, para ver cómo se trabaja la piel, tal cual se hacía en tiempos ancestrales y tal cual continúan haciéndolo en la actualidad. Asomas la cabeza y descubres un montón de cubas de todos los colores pero a la vez percibes un olor intenso y instintivamente acercas el ramito de menta que te han ofrecido a tu nariz.

Observas, en silencio y con un respeto absoluto a todos los hombres que encorvados, remueven las pieles y las trajinan de una cuba a otra, diligentes en su trabajo.

Es un proceso laborioso, hay que poner las pieles en el interior de cubas llenas de cal y de  excrementos de paloma, pasados unos días hay que introducirlas en otras cubas llenas con tintes naturales, para, una vez teñidas, ponerlas a secar y ya,  poder los artesanos del cuero, elaborar los productos típicos que se pueden encontrar en el zoco: maletas, bolsos, cinturones, babuchas, sandalias,…

Solo quedan curtidores artesanos, que curten las pieles de manera natural sín ningún producto químico y con la fuerza de sus brazos en Fez y en Marrakech.

Los curtidores de Marrakech no son tan visitados, hay que remontar la medina hacia el norte, salir de las callejuelas turísticas y adentrarse entre las cubas, allí el olor es más fuerte que en Fez, allí las miradas son directas, las pieles se amontonan justo a tu paso, allí todo es más intenso, menos fotográfico, pero mas intenso, no hay escapatoria, allí tomas plena consciencia de lo que significa un trabajo duro.

Y de eso van nuestros viajes personalizados a Marruecos, de clientes curiosos, sensibles y respetuosos.

 

En Marruecos todavía quedan unos 25.000 nómadas, pocos si pensamos en que antiguamente todos éramos nómadas, pocos si pensamos en las largas caravanas que cruzaban el desierto del Sahara, desde Mali subiendo hacia el norte, a Marruecos, cruzando Argelia y Túnez hasta llegar a Egipto, pero todavía quedan familias nómadas en el sur de Marruecos. Familias dedicadas al pastoreo de cabras, ovejas y dromedarios.

Hay que viajar hasta el sur y salir de las rutas convencionales para poder compartir con ellos un té, sentados en el suelo alrededor de una tetera que va calentando el agua, sentados juntos, observando su elaboración.

Poco tienen, una haima, unas mantas, algún utensilio para cocinar, algún bidón para almacenar el agua y el té para ofrecernos, símbolo de hospitalidad. Mucho tienen, niños correteando con una sonrisa y ojos avispados, madres y hijas que se apresuran a encender el fuego, padres que vigilan su ganado.

El ritmo de sus vidas es pausado, viven sus vidas alejados de la contaminación de la vida moderna, no tienen televisión, no tienen internet, no tienen luz, ni agua corriente, ni habitaciones separadas del salón o la cocina, nunca lo han tenido y no lo echan en falta. Deben ser ligeros, buscar el lugar de pasto más adecuado para sus animales y adaptarse a lo que la naturaleza les traiga.

Los observas, mientras esperas que el té que están preparando esté listo, ellos han querido que nos sentáramos en el interior de su cueva, hospitalarios y respetuosos. Ellos también te observan y no sé qué deben pensar, sonreímos, la madre sirve el té en pequeños vasitos de cristal puestos en una bandeja de aluminio sobre la tierra de la cueva.

Son una familia de nómadas trogloditas. Sorbemos el té casi al unísono, sorbemos un momento de nuestras vidas tan distintas y distantes, sorbemos de nuevo, esta rico, sorbemos respeto, hospitalidad, tolerancia, dignidad, sorbemos sabiduría, felicidad, aceptación.

Se acaba el té, debemos continuar ruta, nos levantamos y al salir de la cueva sé que difícilmente olvidaré este té con los nómadas de Marruecos.

Quizás viajar es reencontrar por un tiempo el espíritu nómada que todavía hay en nuestros genes, nos limpia el corazón, nos abre la mente, nos enriquece el alma. Y de eso van nuestros viajes personalizados a Marruecos.